Hay personas que llegan a la edad adulta convencidas de que sus dientes siempre han estado en la misma posición y, en algún momento, empiezan a percibir pequeños cambios. Un incisivo que parece haberse desplazado, más apiñamiento en los dientes inferiores, una separación que antes no estaba ahí o, simplemente, la sensación de que la mordida ya no encaja exactamente igual.
Y no es solo una percepción: Los dientes pueden moverse con los años.
Nuestra boca no es una estructura estática. Los dientes, los tejidos que los rodean y la forma en la que mordemos pueden experimentar cambios a lo largo de la vida. Algunos son pequeños y progresivos; otros pueden estar relacionados con determinadas circunstancias de nuestra salud bucodental.
Entender por qué ocurre es el primer paso para saber si ese movimiento forma parte de una evolución que simplemente debemos controlar o si conviene realizar una valoración ortodóncica.
Los dientes pueden moverse durante toda la vida?
Sí. Aunque asociemos el movimiento dental principalmente a la infancia, la adolescencia o a un tratamiento de ortodoncia, la posición de nuestros dientes puede cambiar también durante la edad adulta.
Los dientes están rodeados por diferentes tejidos que permiten responder a las fuerzas que reciben. Precisamente este principio biológico es el que hace posible que podamos moverlos de manera controlada mediante un tratamiento de ortodoncia.
Pero fuera de una ortodoncia también existen fuerzas y cambios que actúan sobre nuestra boca a lo largo del tiempo.
Por eso una sonrisa que estaba perfectamente alineada a los 20 años no tiene por qué mantenerse exactamente igual a los 40, 50 o 60.
¿Por qué los dientes se mueven con los años?
No existe una única causa. La posición dental puede verse influida por diferentes factores y, en muchos pacientes, pueden intervenir varios al mismo tiempo.
Cambios naturales con el paso del tiempo
Nuestra boca también envejece.
Con los años pueden producirse modificaciones progresivas en la posición de los dientes y en la forma en la que estos contactan entre sí. Uno de los cambios que algunas personas perciben con mayor facilidad es un aumento del apiñamiento, especialmente en la zona anterior inferior.
Esto no significa necesariamente que exista un problema que requiera tratamiento, pero sí demuestra que la posición dental no permanece invariable durante toda nuestra vida.
Haber llevado ortodoncia anteriormente
Terminar una ortodoncia no significa que los dientes queden fijados permanentemente en su nueva posición. Después del tratamiento comienza una fase fundamental: la retención.
Los retenedores ayudan a mantener la posición conseguida y a controlar la tendencia de los dientes a desplazarse. Si dejan de utilizarse siguiendo las indicaciones del ortodoncista, pueden aparecer movimientos y parte de la alineación conseguida puede modificarse.
Por eso el seguimiento después de una ortodoncia es tan importante como el propio tratamiento.
Pérdida de piezas dentales
Cuando se pierde un diente, no solo aparece un espacio vacío.
La ausencia de una pieza puede alterar el equilibrio existente y favorecer cambios en la posición de los dientes próximos o antagonistas. Esto puede modificar progresivamente tanto la distribución de los espacios como la forma en la que encajan ambas arcadas.
Es uno de los motivos por los que, ante la pérdida de una pieza, conviene estudiar la boca de forma global y no únicamente el espacio que ha quedado libre.
Cambios en las encías y los tejidos de soporte
La estabilidad de nuestros dientes depende también de la salud de las estructuras que los rodean.
Cuando existe una enfermedad periodontal avanzada y se produce pérdida de los tejidos que sostienen los dientes, estos pueden cambiar de posición e incluso presentar movilidad.
En estos casos, el desplazamiento dental no debe abordarse únicamente como un problema de alineación. Antes de plantear una ortodoncia es imprescindible valorar y controlar la salud periodontal.
Este es un buen ejemplo de por qué diferentes especialidades pueden necesitar trabajar de manera coordinada sobre un mismo caso.
La mordida y las fuerzas que reciben los dientes
Nuestros dientes soportan fuerzas continuamente al masticar y entrar en contacto unos con otros.
Cuando existe un desequilibrio en la mordida, determinadas piezas pueden recibir fuerzas de una manera diferente. Por eso, cuando estudiamos cambios en la posición dental, no nos fijamos únicamente en si un diente está más o menos recto.
También necesitamos conocer cómo encajan ambas arcadas y cómo funciona la boca en conjunto.
¿Moverse significa necesariamente necesitar ortodoncia?
No, y esta diferencia es importante. Detectar que uno o varios dientes han cambiado ligeramente de posición no significa automáticamente que haya que iniciar un tratamiento. Primero debemos entender qué ha cambiado, por qué lo ha hecho y qué consecuencias tiene.
Hay movimientos que pueden ser pequeños y no comprometer la salud ni la función. En otros pacientes, sin embargo, el cambio puede estar relacionado con un problema periodontal, una pérdida dental, una alteración de la mordida o una recidiva después de una ortodoncia anterior.
El tratamiento, cuando sea necesario, dependerá de la causa y de la situación concreta de cada paciente.
¿Cuándo conviene consultar a un ortodoncista?
No es necesario esperar a que el cambio sea muy evidente.
Una valoración puede ser recomendable si empiezas a observar que tus dientes se apiñan progresivamente, aparecen espacios que antes no existían, notas cambios en la forma de morder o has llevado ortodoncia y percibes que algunas piezas están modificando nuevamente su posición.
También conviene consultar si el desplazamiento aparece acompañado de otros signos, como movilidad dental, inflamación o sangrado de las encías. En esos casos será especialmente importante determinar primero qué está provocando el cambio.
La consulta no implica necesariamente comenzar una ortodoncia. Su función es entender qué está sucediendo y determinar si es necesario actuar.
Una visión completa antes de mover un solo diente
La ortodoncia adulta tiene una particularidad importante: muchas veces trabajamos sobre una boca que ya tiene una historia. Puede haber implantes, coronas, tratamientos periodontales, piezas ausentes, restauraciones o tratamientos de ortodoncia anteriores. Todo ello debe tenerse en cuenta antes de decidir cómo y hacia dónde mover los dientes.
Por eso contar con diferentes especialistas dentro de una misma clínica adquiere especial relevancia en determinados casos.
En Clínica Sanz Campoy, la Dra. Miriam Sanz y el resto del equipo pueden valorar conjuntamente aquellos tratamientos que requieren la intervención de varias especialidades, estableciendo una visión compartida del caso antes de comenzar.
Porque cuando un diente cambia de posición, lo importante no es únicamente volver a colocarlo.
Lo importante es entender por qué se ha movido y decidir qué necesita realmente esa boca.
Clínica Sanz Campoy. Sabemos cuidarte.


